21 de enero de 2013

Insomnio...

Un trago de agua, una excusa para estar despierta. Una oveja, dos ovejas... ese truco nunca me ha funcionado.

Una página, dos páginas, tres, cuatro... eso no me ha servido hoy.

Siempre hay alguien para hablar; no, no me interesa... me pongo de pie, arreglo un poco la mesa que luce terriblemente desordenada a pesar de mis esfuerzos por mantener cada cosa en su sitio.

Vaso de té, enciendo la computadora. Reviso el quehacer de la gente en las redes sociales, pienso que me gustaría descansar de ellas un buen rato. Volver a otros tiempos, donde sólo teníamos teléfonos que costaban una fortuna, cuando el filtreo nos costaba una caminata; dos minutos telefónicos de 400 pesos cada uno; un encuentro casual en el bus... ahora la gente cree que con un "te quiero ver" en el inbox de Facebook (porque tampoco nadie usa ya el correo electrónico) a mí se me van a dar los antojos de dejar la comodidad de mi habitación. En los últimos días me he puesto a pensar que me he puesto vieja y no pensé que me fuera a suceder tan pronto, aunque el mejor observador diría que es natural, una persona que no se dedica sino a escuchar, ver y leer cosas de viejos lo más probable es que se termine pareciendo a eso.

Entre los medicamentos, la enfermedad que me atacó por meses, el mal de amores, las salidas nocturnas y el abandono de mis rutinas de meditación se han puesto de acuerdo para convertir lo que antes era uno de mis mayores placeres en algo en un tormento con nombre propio: insomnio.

Y en una noches de insomnio, decidí que no quería ser más Smolina Cartagena o @Dearcachirula. De ahora en adelante el que quiera ubicarme tendrá que recordar cómo era que se hacía antes. O también puede mandarme un correo electrónico o mandarme un mensaje por W/S.

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